Trabajando al Servicio de Dios y el Prójimo

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SIEMPRE A TUS PIES, MI SEÑOR DE LOS MILAGROS

viernes, 2 de julio de 2010

Profesor, educador, maestro



Normalmente se les toma como sinónimos, pero los profesores, educadores y maestros tienen grandes diferencias entre ellos. Un profesor da un curso y luego se va a casa. Un educador da un paso más allá y se preocupa por la formación personal de sus estudiantes. Un maestro ha sobrepasado ambas descripciones. No solo da su curso y se preocupa por sus alumnos, se compromete con ellos porque entiende que la mejor manera de asegurarnos un mundo mejor es teniendo mejores habitantes en las próximas generaciones.

Educar es una responsabilidad social muy importante y no puede ser tomada a la ligera.

El profesor
Un profesor (o charlista) es una persona que da un curso. Es decir, cumple con su responsabilidad primaria de impartir cierto conocimiento y de generar ciertas notas para los registros de cierta institución educativa. Entre colegas, sabemos que ésta es la posición más cómoda, típica de un profesional que se encuentra a sí mismo al frente de un aula por cuestión de suerte o destino. En una sociedad en la que actualmente nos encontramos en una lucha por no abandonar los valores morales, rescatar la vocación de los profesores debería ser una meta muy importante para los próximos años. Los cursos de capacitación y actualización deben ser reestructurados para satisfacer esta necesidad creciente.

Recuerda que los jóvenes usualmente confían más en sus profesores que en sus padres y caerás en la cuenta de la importancia de asumir una mayor responsabilidad social para con los estudiantes.

El educador
Llamamos educadores a aquéllos que han dado un paso adelante y que no solo se preocupan por sus cursos sino también por quienes los reciben durante las clases. Mas un educador no está siempre preparado para algunas situaciones. Por eso, la consejería y la preparación apropiada y constante son las siguientes cosas en las que hay que pensar para mejorar la capacidad de los educadores para impartir su propios cursos. Muchas veces los alumnos aparecen con casos muy difíciles (y estremecedores) cuando vienen en busca de consejo. Nuestra mayor recomendación es contactar algunos profesionales de otras áreas como apoyo.

Creemos que hoy un educador debe aprender acerca de liderazgo, motivación y sicología. Acercarse a alguna comunidad religiosa suele ayudar también mucho a aprender a dar consejos desde un ponto de vista más transcendental. Incluso si no eres una persona creyente, deberías tener muy presente la religión como una opción de respaldo moral.

Un educador se convierte pronto en una persona apreciada en la organización. Su capacidad y compromiso, más la relación personal que pronto desarrolla con sus estudiantes, indican que entiende que ninguna persona aprende apropiadamente de alguien en quien no confía. Un buen educador está preparado para detectar problemas de aprendizaje, desempeño, comunicación o conducta en sus estudiantes sin evadir su responsabilidad ante esto. Por el contrario, se le suele ver conversando con su alumno al final de la clase o en su tiempo libre y acerca de estas situaciones. Hemos incluso oído casos en los que la participación del profesor ayudó a detener el abuso o maltrato del que un estudiante estaba siendo víctima.

Así es, un educador debe estar listo para todo. Es parte del trabajo. Punto.

El maestro
Por último, debemos decir que un maestro es un educador graduado con honores. No solo tiene el respeto, cariño y confianza de sus estudiantes. Pronto notará gente viniendo a él para preguntarle si puede educar a sus hijos.

Tan romántico como pueda sonar, un maestro siempre deja una marca en cada salón de clases que pisa y en cada alma que toca. Tiene lo que se necesita: amor por la gente, amor por su trabajo y respeto por el curso que debe impartir.

Ésta es tu meta final, colega.

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