Trabajando al Servicio de Dios y el Prójimo

Trabajando al Servicio de Dios y el Prójimo
SIEMPRE A TUS PIES, MI SEÑOR DE LOS MILAGROS

jueves, 29 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO NUEVO 2012, LES DESEA LA HERMANDAD DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE TRUJILLO.

TODOS BUSCAMOS LA FELICIDAD, ALGUNOS LO BUSCAMOS EN LA LUZ Y OTROS EN LA OSCURIDAD, PERO YO SOY FELIZ, SIRVIENDO A DIOS.

viernes, 23 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS

Lucas 2: 1 - 14 1 Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. 2 Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. 3 Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. 4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, 5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, 7 y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. 8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. 9 Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; 12 y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.» <

jueves, 22 de diciembre de 2011

COMO VIVIR LA NAVIDAD

Para vivir la Navidad por Jorge A. Blanco Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO audiovisuales@san-pablo.com.ar Una de las características más distintivas del tiempo navideño en nuestros días es la costumbre de hacer regalos. Tanto las antiguas y diversas tradiciones que aún hoy se conservan (Papá Noel, el arbolito navideño, etc.) como la sociedad de consumo parecen habernos impuesto una suerte de necesidad, frenética en algunos casos. Esta urgencia por salir de compras y cumplir obligadamente con los regalos, como si se tratara de un rito, desplaza a un segundo plano al verdadero sentido de la Navidad: la celebración del nacimiento de Jesús. Prueba de ello son los centros comerciales que, por estas horas, lucen atestados de gente apresurada y haciendo largas colas para adquirir toda clase de productos. ¿En nuestro caso particular, como nos disponemos a celebrar esta nueva Navidad? ¿Podremos compatibilizar la celebración del nacimiento del Emmanuel con la forma que la sociedad de consumo nos propone para vivir la Navidad? ¿Qué cosas creemos que debemos adquirir si, eventualmente, saliéramos de compras navideñas? Un simpático cuento anónimo, que recibí por Internet, titulado “La tienda del cielo”, puede ayudarnos a continuar reflexionando sobre estas cuestiones: Para leer: Con motivo de la Navidad, fui a comprar los regalos para mis seres queridos. Buscaba algo diferente este año. Un regalo que al recibirlo les causara alegría, satisfacción y que pudieran utilizar toda su vida. Finalmente, después de varios días de buscar, vi un letrero que decía "La tienda del cielo". Me acerqué, y la puerta se abrió. Me recibió un ángel entregándome una canasta y me dijo: —Compra con cuidado— todo lo que un cristiano necesita estaba en aquella tienda—. Lo que no puedas llevar ahora lo podrás llevar después —agregó. Entonces, primero compré paciencia. Luego el amor, pues estaba en la última estantería; más abajo estaba el gozo, para estar siempre alegre. Compré dos cajas de paz para mantenerme tranquilo y dos bolsas repletas de fe para los retos del próximo año que se está por iniciar. Recordé que debía mostrar benignidad, bondad y mansedumbre con mis semejantes; asimismo, no podía olvidarme de la templanza para controlar mi temperamento en todo momento, de modo que compre una de cada una. Llegué por fin a la salida y le pregunté al ángel: —¿Cuánto le debo? Él me sonrió y me respondió: — Hijo mío, ¡Jesús pagó tu deuda hace ya mucho tiempo! ________________________________________ Para la reflexión personal y grupal: -Señalar en el texto aquello que más haya llamado nuestra atención y explicar el porqué. -Confrontémonos con el autor del relato: ¿en qué aspectos nos parecemos? ¿Solemos salir de compras en esta época? ¿Nos inquieta conseguir, obsequiar regalos auténticos y originales? ¿Por qué? -¿Por qué creemos que el ángel de aquella tienda le sugirió a nuestro narrador que comprara “con cuidado”? ¿Qué significa que en aquel local había “todo lo que un cristiano necesita”? -¿Cuáles son las “cosas” que terminó comprando nuestro relator? ¿Por qué suponemos que eligió esos regalos y no otros? ¿Estamos de acuerdo con aquella compra? -¿Qué sucedería si tuviéramos nosotros la posibilidad de visitar la “tienda del cielo”? ¿Qué regalos compraríamos? ¿Los mismos que los del personaje del relato? ¿Otros? ¿Priorizaríamos unos más que otros? ¿Cuáles y por qué? -¿Cuál era el precio de la compra? ¿Por qué el ángel no le cobró nada? -¿Cómo nos disponemos a vivir esta nueva Navidad? ¿Nos encontramos imbuidos en el ritmo frenético y consumista que la sociedad y los medios nos imponen? ¿Nos cuesta reconocer, en medio de tanta propaganda, pirotecnia y bullicio, el llanto del Salvador que se nos regala en la humildad del pesebre? ¿Qué obsequios podemos llevarle al niño de Belén? -Esta Buena Noticia del nacimiento de Jesús que se hace uno de nosotros y se nos regala para nuestra salvación, ¿sigue siendo causa y motivo de alegría? ¿De qué manera podemos difundirla en los ámbitos donde nos movemos? ________________________________________ Para profundizar nuestra reflexión: Navidad se ha convertido en la fiesta de los regalos para imitar a Dios que se ha dado a sí mismo. ¡Dejemos que esto haga mella en nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente! Entre tantos regalos que compramos y recibimos, no olvidemos el verdadero regalo: darnos mutuamente algo de nosotros mismos. Darnos mutuamente nuestro tiempo. Abrir nuestro tiempo a Dios. Así la agitación se apacigua. Así nace la alegría, surge la fiesta. En las comidas de estos días de fiesta, recordemos la palabra del Señor: “Cuando des una comida o una cena, no invites a quienes corresponderán invitándote, sino a los que nadie invita ni pueden invitarte (cf. Lc 14,12-14). Precisamente, esto significa también: Cuando tú haces regalos en Navidad, no has de regalar algo solo a quienes, a su vez, te regalan, sino también a los que nadie hace regalos ni pueden darte nada a cambio. Así ha actuado Dios mismo: Él nos invita a su banquete de bodas al que no podemos corresponder, sino que sólo podemos aceptar con alegría. ¡Imitémoslo! Amemos a Dios y, por él, también al hombre, para redescubrir después de un modo nuevo a Dios a través de los hombres. De todo eso habla la señal que les fue dada a los pastores y que se nos da a nosotros: el niño que se nos ha dado; el niño en el cual Dios se ha hecho pequeño por nosotros. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de mirar esta noche el pesebre con la sencillez de los pastores para recibir así la alegría con la que ellos tornaron a casa (cf. Lc 2, 20). Roguémosle que nos dé la humildad y la fe con la que san José miró al niño que María había concebido del Espíritu Santo. Pidamos que nos conceda mirarlo con el amor con el cual María lo contempló. Pidamos que la luz que vieron los pastores también nos ilumine y se cumpla en todo el mundo lo que los ángeles cantaron en aquella noche: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. ¡Amén! (Benedicto XVI, Extractos de la Homilía en la solemnidad de la Natividad, 24/12/2006, tomado de www.vatican,va) ________________________________________ Para rezar: Querido Papá Dios, ¿cuánto falta para Navidad? Es que queremos preparar con tiempo un regalo para ti y los demás. Tú, que eres el inventor de los misterios, enséñanos a pensar en regalos que sorprendan hasta aquellos que tienen más. Querido Papá Dios, ¿falta mucho para Navidad? No sabemos si nos alcanza el tiempo para todo lo que hay que hacer. Envolver besos, abrazos, cariño, risa, amor y amistad. Para todos los que no saben que es una fiesta el poder dar. Querido Papá Dios, ¿cuándo llega la Navidad? Es que estamos muy ansiosos deseando que ya pueda llegar ese tiempo para festejar la sorpresa de Jesús que se nos vino hasta acá. Querido Papá Dios, ¿por qué esperar hasta Navidad? Si hoy ya podemos empezar sorprendiéndote a vos y a muchos más dando nuestras vidas por los demás. Amén. (Anónimo, tomado de www.webselah.com)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Ciclo B: Natividad del Señor (Misa de medianoche 24-12-2011)

Introducción Las lecturas de la Misa del Gallo giran en torno al simbolismo de la luz y de la noche: es una noche llena de Luz. El profeta Isaías nos habla de cómo la luz inunda de alegría al pueblo que camina en tinieblas. Esa luz es un recién nacido, el Príncipe de la paz, que establecerá la justicia y el derecho ahora y por siempre. El salmo responsorial nos invita a cantar con alegría pues ha nacido el Señor. Escuchando a san Pablo en su carta a Tito podemos meditar cómo esa luz que inunda las tinieblas es la gracia salvadora del Señor recién nacido, que ilumina y purifica nuestra imperfecta humanidad. El pasaje de san Lucas es quizás el más tierno y conmovedor de todas las Escrituras. Todo nacimiento de un niño nos toca profundamente el corazón, pero más aún cuando este Niño es la Luz divina que da sentido a nuestra vida. Ver la presentación animada de las lecturas Lecturas Lectura del libro de Isaías 9, 1-3. 5-6 El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz.» Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará. Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13 R. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R. Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R. Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R. Delante del Señor que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14 Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras. Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14 En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: «No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. » Comentario Bíblico Está viendo el comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez También puede ver el de: Fray Miguel de Burgos Núñez | Fr. Gerardo Sánchez Mielgo Iª Lectura: Isaías (9,1-3.5-6): Siempre brillará una gran luz I.1. El poema de Isaías sobrecoge por su hermosura, por su descaro para proponer lo que no se toca con las manos, pero que siempre se sueña. Lo profetas siempre son utópicos, pero realistas cuando es necesario. Como canto de esperanza y de gozo, es una exhortación a la alegría. Atrás quedan muchas cosas de la historia de un pueblo: guerras y opresiones, deslealtad y búsqueda de “dioses” que no tienen ojos, ni corazón. Hay, pues, un horizonte de luz para el pueblo. La luz, por tanto, se convierte en el signo de este poema. La luz trae la vida, la salvación, y por eso, hasta la noche es hermosa, cuando en ella “hay luz”. I.2. La luz es, por otra parte, el signo de la gran liberación que el profeta propone al pueblo en nombre de Dios. Liberación que habla de la utopía de la justicia; y con la justicia la paz, shalom, esa palabra clave de la Biblia y de todo corazón humano. La paz nunca se puede dar sin justicia. Bien es verdad que es algo más que el “orden”: es un bien “mesiánico” con todas las de la ley. La tiranía del opresor, su vara, las botas del soldado y el manto manchado de sangre han sido destruidos. La luz siempre evoca la acción creadora y salvadora de Dios. No olvidemos que a muchos esclavos del pueblo les habían sacados los ojos… para no ver; así habían caminado a un destierro. I.3. ¿Quién trae todo esto? “un niño”. El profeta, desde luego, no piensa en el niño de Belén. Nosotros, sin embargo, solamente podemos leer este poema desde Belén. Es uno de los privilegios de la hermenéutica cristiana. Tenemos todo el derecho a ello, porque podemos ir más allá del poema y de las circunstancias históricas (probablemente se refería al niño que sería después el rey Ezequías). La utopía se realiza en la historia concreta, humana, entrañable: un niño, un hijo, uno de nosotros es quien puede traer todo esto. Probablemente se ha podido inspirar el profeta en poemas de “entronización”... pero es un canto a la justicia y a la paz. Y esto en la tierra no se hace presente si Dios no interviene y nosotros le dejamos intervenir: eso es Navidad. IIª Lectura: Tito (2,11-14): Se ha hecho presente la gracia de Dios II.1. En la noche de Navidad, esta especie de confesión de fe primitiva, recogida en el texto de la carta a Tito, evoca la grandeza del misterio de esta noche santa. El texto, que viene después de una exhortación a los esclavos, habla de una epifanía (epiphanía), así comienza; y a continuación se desgranan una serie de expresiones llenas de sentido: la gracia (charis) de la salvación (sôtería) de Dios “para todos” (pasin) los hombres. El pensar que la salvación de Dios es para todos los hombres, para la humanidad, es muy importante. Porque Dios se ha hecho hombre por todos. Esto conviene resaltarlo a todos los efectos, porque en el corazón humano es donde debe reinar esa gracia de la salvación de Dios. Por tanto, todos los hombres, esclavos o libres, estamos llamados a ser nosotros mismos en Cristo nuestro salvador. II.2. Todo esto recuerda el hecho de una liberación que el pueblo de Israel ha sentido en sus carnes (cf Dt 14,2). Ahora acontece algo semejante, o mejor, mucho más grandioso: ¿por nada? (Desde luego que no!, Nadie puede ver a Dios, ni a su salvador Jesucristo, viviendo en la impiedad y en la injusticia (asebeia - adikía). No es es simplemente por el pago de una vida ética y moral, como en cierta forma se puede leer el texto. Es algo que va mucho más allá de la vida del mundo, de los criterios del mundo y de la impiedad del mundo. Se trata de tener una experiencia nueva del Dios que tiene un proyecto absoluto: la salvación de todos los hombres. Y esto comenzó a ser realidad en la “encarnación”. Todo esto se escribe con la mano de Dios. Y la historia “nueva” de la humanidad no puede escribirse sin el Dios salvador. Evangelio: Lucas (2,1-14): Cur Deus homo? ¿Por qué Dios está entre nosotros? III.1. Henos aquí ante el gran texto de la noche de Navidad. La Navidad de Occidente se ha expresado siempre en la “noche” por este relato primoroso; hemos de reconocerlo. El mundo no celebraría la Navidad sin esta narración, aunque sea en esa noche que antes del cristianismo era divino-pagana (era la celebración del solsticio de invierno y la fiesta del “sol invicto”) y ahora es divino-humana. Lucas, su creador, se ha cubierto de gloria como escritor y como teólogo, quizá no tanto como historiador. Hay muchas maneras de leer e interpretar el conjunto, que en realidad debería contemplar los vv. 1-21, pero la última parte se reserva para otro día del tiempo de Navidad, o para la misa de la aurora, donde se celebre. El conjunto narra e “interpreta” lo que significa el nacimiento de Jesús, el Salvador, el Mesías y el Señor en la “ciudad de David”. Los tres títulos que llenan de contenido el anuncio del cielo. Habría que decir muchas cosas desde el punto de vista exégetico y narrativo. Pero nos vamos a reducir a lo más esencial. III.2. El evangelio de esta noche está planteado en dos momentos. En el primero (vv.1-5) se muestra la autoridad del “César”, dueño del imperio, del mundo de entonces. Un “dogma”, un decreto suyo, moviliza a los oprimidos y esclavos de su autoridad y de su poder. Si analizamos lo que de histórico hay en todo esto, quizás no podamos aceptar cada uno de los pormenores de este relato. Pero entre esos “sometidos” estaban los padres de Jesús que tienen que “ponerse en camino”, que es una constante del evangelio de Lucas. Jesús antes de nacer ya está caminando, como cuando su madre va a visitar a Isabel. La elección de todo esto por parte de Lucas puede responder a la historia, pero sería lo menos importante el probarlo. Lo que verdaderamente nos debe llamar la atención es cómo el “dios” del mundo (Augusto era considerado divino, un dios) quiere “censar”, controlar, someter, hacer pagar tributo a todos los habitantes del mundo (oikumene). Y es eso lo que pretende Lucas que se considere como causa de un acontecimiento de gracia y salvación: la visita de Dios a los que no tienen derecho y libertad y, por lo mismo, al mundo entero, en contrarréplica al decreto y a la autoridad del “dios” de Roma (Augusto) que ha construido un imperio sobre la esclavitud y la injusticia. III.3. El segundo momento (vv. 6-14) quiere presentarnos al Dios de verdad, según Lucas. Las cosas van a ser bien distintas a todos los efectos: un grupo de pastores se van a convertir en “los emisarios” de la voz y el proyecto de Dios, lo que es verdaderamente extraño. Estos no tienen la autoridad de Quirino para llevar a cabo su cometido. Tampoco hay un “decreto”, un “dogma”, como en la primera parte, sino una “voz” celeste, la del ángel del Señor y la gloria (kabod) que los envuelve. Todo es demasiado irreal por el contraste que se representa. Se podía haber elegido unos emisarios más dignos del testimonio que habían de dar. La intencionalidad, pues, es kerygmática, se dice; proclama que Dios, cuando parece que todo está perdido para los sin ley, sin derecho y sin nombre, tiene una palabra que decir y visita a los suyos. Cuando María no encuentra “acogida” para dar a luz, el cielo muestra que nada hay imposible para Dios. El Salvador, el Mesías y el Señor ni siquiera tiene sitio en la “ciudad de David”. Cualquier letrado hubiera interpretado que la ciudad de David era Jerusalén, pero los ignorantes pastores aciertan con la otra ciudad de David, la verdadera, la primitiva, la que había perdido su rango y su historia. En el caso de la tradición primitiva recogida por Lucas es Belén, pero nosotros tenemos derecho a interpretar que Belén es más una ciudad teológica que histórica. III.4. Desde el cielo se les da un “signo” (sêmeion): “un niño envuelto en pañales y acunado en un pesebre (phatnê)” ¡Vaya signo! ¿Existe relación entre los títulos de quien ha nacido: Salvador (sôter), Mesías (christos) y Señor (kyrios) con este signo? ¡Desde luego que sí! Pero solo para quien tiene el alma y la conciencia de los pastores y los marginados, de los “sin poder”. Pues he aquí lo extraordinario y la grandeza de la noche de Navidad: se trata de signos muy humanos que hacen posible hablar de una noche divino-humana, como ya hemos apuntado. Nadie reconocería a un personaje de tales títulos en un niño empañado, que es lo primero que hace una madre cuando da a luz a su hijo. Para unos ignorantes y pendencieros pastores era muy poco para reconocer al Salvador y Señor. Y sin embargo no se equivocaron; lo humano es verdaderamente reconocible. La historia que comenzó desde la tiranía de un decreto, la convierte Dios, por obra y gracia de su decisión salvífica, en una historia de liberación y de amor. Dios, pues, está entre nosotros porque quiere divinizarnos a todos, humanizándonos. ¿Cómo? El himno de los ángeles, como colofón, lo deja claro: con el don de la paz que Dios entrega a los que ama; los que son objeto de su benevolencia. Efectivamente, navidad se escribe con la mano del Dios vivo y verdadero que sale a nuestro encuentro. Fray Miguel de Burgos Núñez Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura Enviar comentario al autor Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009. Pautas para la homilía Los que viven en el campo saben bien lo que es la oscuridad de la noche. En cambio, en las ciudades, debido al alumbrado público, ésta se hace mucho menos patente. Antiguamente, cuando aún no se había inventado la electricidad, la noche sumía al mundo en las tinieblas, sobre todo cuando la luna no proyectaba su plateada luz. Entonces era muy peligroso aventurarse a estar a la intemperie, porque en las tinieblas cualquier cosa podía pasar. Al llegar la noche, en cierto modo el mundo se sumía en el caos. Pero, paradójicamente, en medio de la total oscuridad, el firmamento cobra toda su belleza y esplendor. Cuando alzamos la mirada a lo alto y contemplamos el cielo cubierto de estrellas, nuestro corazón se llena de paz y alegría disfrutando de tanta hermosura. Fray Luis de Granada afirma que el firmamento estrellado, con su apabullante belleza, armonía y grandeza, es el elemento de la naturaleza que mejor nos habla de Dios. Al contemplar con fe el firmamento, nuestro corazón se llena de amor por nuestro Creador. Pues bien, en el contexto de la oscuridad de la noche la Iglesia celebra la Misa del Gallo. En medio del caos y el peligro, una Luz se hace presente para alumbrar nuestra vida, para darle todo su sentido. Dios creó el mundo bueno y bello, pero el ser humano lo sumió en la oscuridad del pecado. Y la humanidad caminó en medio de las tinieblas, en medio del peligro y el caos, hasta que Dios tuvo a bien enviar a su Hijo al mundo para alumbrar nuestras vidas. El Niño Jesús vino para dar fin a aquella larga noche espiritual. No es de extrañar que el lugar de su nacimiento fuera indicado por una estrella, pues Él es la estrella más esplendorosa, la luz más hermosa. La belleza del firmamento estrellado nos habla de lo hermosa que se vuelve nuestra vida cuando Jesús nace en medio de ella. Con Él, la oscuridad y el caos de nuestro corazón son transformados en amor y felicidad. Pero la Navidad no es sólo una experiencia personal: es ante todo una experiencia comunitaria que celebramos junto a la familia y la comunidad parroquial o religiosa. Y hemos de reconocer que ni nuestra familia ni nuestra comunidad son perfectas. Hay algunos momentos en los que no son precisamente un ejemplo para nadie. A veces es mejor esconderlas «debajo del celemín o de la cama» (Mc 4,21), pues, más que luz, transmiten tinieblas… Esa experiencia también la vivió el decadente Pueblo de Israel en tiempos del profeta Isaías, como nos narra la primera lectura que hemos leído. Pero nosotros, como él, hemos «visto una luz grande» (Is 9,2). Y hacia ella hemos caminado espiritualmente durante el tiempo de Adviento hasta llegar a esta noche, la Noche Buena, en la que celebramos que «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5), para dilatar nuestra existencia «con una paz sin límites» (Is 9,6). Es la Noche de Paz en la que compartimos todos juntos la Buena Noticia del nacimiento del Salvador en medio del mundo. Él se ha hecho carne, uno de nosotros, para llenar de luz nuestra existencia, para dar pleno sentido a nuestra vida. Aunque a veces parece que vivimos en una «noche» oscura e impenetrable, y pensamos que nunca pasará, que no podremos vencerla, que siempre seremos «tiniebla»… la fiesta de Noche Buena nos dice que no hay mal en el mundo que no sea superable, que no hay tristeza ni angustia que no se puedan vencer, pues Dios nos ha enviado un Salvador cuya Palabra es revitalizadora, iluminadora, resucitadora… Con el Nacimiento del Hijo de Dios el mundo recobra la vista. Y lo mismo podemos decir de nuestra familia, de nuestra comunidad y de cada uno de nosotros. Es una experiencia semejante a la que tuvo aquel ciego de Jericó que fue curado por Jesús (cf. Mc 10,46-52): la vida nos cambia totalmente porque se llena de sentido. En definitiva, la Noche Buena, la noche de Navidad, es la fiesta de la esperanza, en la que experimentamos que, efectivamente, una Luz ha nacido en el mundo y esa Luz brilla en nuestro corazón.

jueves, 1 de diciembre de 2011

ADVIENTO Y NAVIDAD

ADVIENTO Y NAVIDAD 1) EL ADVIENTO SIGNIFICADO Y CONTENIDO Adviento significa venida. Este tiempo nos prepara para la venida del Señor. La venida de Cristo al mundo se realiza en un triple plan: PASADO: venida histórica a Palestina, PRESENTE: venida sacramental, hoy, FUTURO: venida gloriosa al fin del mundo. Cristo está viniendo hoy y aquí, a nosotros, dentro de nosotros. Nos está haciendo concorpóreos suyos, solidarios de su persona y de su misterio redentor. Mediante el don de su palabra y de la eucaristía, Cristo se graba en nosotros. Nos hace su cuerpo. Su venida gloriosa al final de los tiempos no será otra cosa que la revelación de las venidas que ahora realiza en nosotros. Hay continuidad real entre su venida actual y su venida gloriosa. Exactamente igual como la semilla se prolonga en el fruto. Esta es la verdad de fe más grandiosa. Quien quiera encontrarse con el Cristo viviente, debe penetrar en el misterio de su presencia, a través de la liturgia. Es necesario que el cristiano tenga mirada interior. El adviento es radicalmente cercanía y presencia del Señor. LOS GRANDES TESTIGOS DEL ADVIENTO Son tres: El profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María. Isaías anuncia cómo será el Mesías que vendrá. Sacude la conciencia del pueblo para crear en él actitud de espera. Exige pureza de corazón. Juan el Bautista señala quién es el Mesías, que ya ha venido. Él mismo es modelo de austeridad y de ardiente espera. María es la figura clave del adviento. En ella culmina la espera de Israel. Es la más fiel acogedora de la palabra hecha carne. La recibe en su seno y en su corazón. Ella le prestó su vida y su sangre. María es Jesús comenzado. Ella hizo posible la primera navidad y es modelo y cauce para todas las venidas de Dios a los hombres. María, por su fidelidad, es tipo y madre de la Iglesia. LAS ACTITUDES FUNDAMENTALES DEL ADVIENTO 1. Actitud de espera. El mundo necesita de Dios. La humanidad está desencantada y desamparada. Las aspiraciones modernas de paz y de dicha, de unidad, de comunidad, son terreno preparado para la buena nueva. El adviento nos ayuda a comprender mejor el corazón del hombre y su tendencia insaciable de felicidad. 2. El retorno a Dios. La experiencia de frustración, de contingencia, de ambigüedad, de cautividad, de pérdida de la libertad exterior e interior de los hombres de hoy, puede suscitar la sed de Dios, y la necesidad de «subir a Jerusalén» como lugar de la morada de Dios, según los salmos de este tiempo. La infidelidad a Dios destruye al pueblo. Su fidelidad hace su verdadera historia e identidad. El adviento nos ayuda a conocer mejor a Dios y su amor al mundo. Nos da conocimiento interno de Cristo, que siendo rico por nosotros se hace pobre. 3. La conversión. Con Cristo, el reino está cerca dentro de nosotros. La voz del Bautista es el clamor del adviento: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios ... » (Is 40,3-5). El adviento nos enseña a hacernos presentes en la historia de la salvación de los ambientes, a entender el amor como salida de nosotros mismos y la solidaridad plena con los que sufren. 4. Jesús es el Mesías. Será el liberador del hombre entero. Luchará contra todo el mal y lo vencerá no por la violencia, sino por el camino de una victimación de amor. La salvación pasa por el encuentro personal con Cristo. 5. Gozo y alegría. El reino de Cristo no es sólo algo social y externo, sino interior y profundo. La venida del Mesías constituye el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente. El adviento nos enseña a conocer que Cristo, y su pascua, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad.